lunes, 19 de junio de 2017

Día 14 - Sensación de vivir

Último día de la Ruta, así que hay que tomárselo con calma.
Desayuno en el motel, un rato de pisci y a ponerme en marcha.
Paro para repostar antes de empezar la marcha, y veo una pareja que va también en una Harley, el lleva una bandana de la Ruta 66, así que supongo que van por mi camino.
Efectivamente, aunque en un semáforo los adelanto, los mantengo constantemente en mi retrovisor.
Poco después de salir de Barstow, la Historic 66 está en obras, y con la velocidad limitada a 35 millas por hora. Y no me voy a poner ahora a saltarme los límites, así que pongo el control de velocidad, y me dedico a disfrutar del paisaje, ya cada vez menos árido que las dos jornadas anteriores.
Por el retrovisor compruebo que la pareja sigue tras de mi... y tras de ellos una cada vez más larga fila de coches y camiones. Creo que los locales no son tan respetuosos como yo con el límite de velocidad en zona de obra, y eso que la multa es el doble.
Lo compruebo de primera mano cuando empiezan a adelantarnos en la primera recta favorable.
Y empieza el percance del día. Me había puesto crema para el sol en la cara, y el sudor estaba haciendo que me entrara en un ojo, con lo que me empezó a escocer y bastante. Empezó a lagrimar pero no se aliviaba. Y ningún sitio seguro para parar. Así que opto por emular a Nick Fury y conduzco con ese ojo cerrado. Así unas cuantas millas hasta que veo una zona de comercios con un bar. Paro la moto, y la pareja hace lo mismo, pero un poco más adelante. Cuando estoy a su altura camino del bar, les saludo en inglés y me pregunta el hombre si hablo español. Son una pareja de Bilbao que también están haciendo la 66.
Tras entrar al baño y lavarme bien el ojo, nos sentamos y estamos charlando un buen rato. Ellos no van a llegar hoy hasta Los Ángeles. Se lo están tomando con mucha calma, ya que después de Los Ángeles continuarán viaje hasta San Francisco.
Nos despedimos, y en eso que llega otra pareja, que nos habían debido oír hablar y me preguntan si soy español. Estos son una pareja de Ciudad Real que están haciendo la Ruta pero en coche. Charlamos un rato y nos ponemos todos en marcha.
Al llegar a Victorville, la pareja de Bilbao que ahora iba delante mio, se desvían.
Y cuando un poco más adelante yo me paro en el Museo de la Ruta 66 de Victorville, veo que el coche de los chicos de Ciudad Real sigue para adelante.
Yo me paso un buen rato en el Museo echando un vistazo a las antigüedades y curiosidades del sitio. Y charlando con los voluntarios que lo gestionan.
El primero con el que hablo un ex-piloto militar que sirvió durante la Segunda Guerra Mundial, y que me dice que ha estado varias veces en Zaragoza y en Cataluña.
Luego me pongo a charlar con otra pareja de ancianos que me cuentan sus aventuras y algunas curiosidades de la 66. Al parecer la hicieron teniendo en cuenta que pudiera ser utilizada durante todo el año, por eso evitaron las montañas.
Me despido amigablemente y me vuelvo a poner en marcha.
Unas millas después, se va notando el cambio en la temperatura según me acerco a las montañas. Pero según baja las temperaturas, parece que crece el número de vehículos, la carretera cada vez está más concurrida.
Hago un alto en una ciudad que se llama Rancho Cucamonga (no es coña, se llama así) para ver una antigua estación de servicio.  Y ya aprovecho para comer. Me meto en un bar típico americano, lleno de fotos de famosos, carteles de la ruta, y aunque parezca mentira, tenía el típico cartel de Se Busca Ayudante. Me pido una Coca-Cola y elijo para comer una de las hamburguesas del menú. No explicaba como era, pero me arriesgué. Y para acompañar unos aros de cebolla. La verdad es que tanto los aros como la hamburguesa estaban muy buenos, pero debe ser por el calor, o porque la hamburguesa era demasiado potente, pero fui incapaz de terminarme la comida.
Antes de volver a ponerme en ruta, veo que hay una tienda de comics... y sale el friky que hay en mi y me doy una vuelta por ella.
Mi siguiente destino, ya es Beverly Hills. Tras varios desvios por la autopista, al final el GPS me lleva hasta el bulevar de Santa Monica.
Me paro a ver el famoso cartel de Beverly Hills y un parque del mismo barrio, para hacer las fotos pertinentes, y me dirijo ya hacia el final de la Ruta Madre.
Tras unas cuantas vueltas, me doy cuenta que mi GPS ha dejado de darme indicaciones. Se me había acabado la batería. Recurro al plan de emergencia y cambio la tarjeta SIM al otro móvil. Gracias a esto, y a los carteles indicativos, llego al final técnico de la Ruta. Aunque este punto no está en el final sentimental de la 66, hay que llegar hasta el Pacifico, al muelle de Santa Monica.
Tras unas cuantas vueltas, llego a él. Por fin veo el Oceano Pacifico.
Lo malo es que no podré ver la puesta de sol, parece que la soleada California hoy no es tan soleada, y una densa nube cubre todo el cielo, y las temperaturas son más parecidas a las de Otoño que a las de principios de Verano.
Tras hacerme las fotos de rigor, vuelvo a montarme en El Jefe y me dirijo a Hermosa Beach que es donde tengo mi hostel. Cuando llego ya es casi de noche, así que tendré que esperar hasta mañana para echar un ojo, pero parece una zona tranquila y frecuentada por surfistas.
Y mañana me daré mi primer chapuzon en el Pacifico.

2 comentarios:

  1. Rancho Cucamonga...vaya tela, ver para creer...
    Fin de la ruta...Enhorabuena!!
    Acuérdate de los que te seguimos desde el viejo continente en ese chapuzón en el Pacífico ;-)

    ResponderEliminar
  2. Sí señor!!! Enhorabuena crack!! A disfrutar ese bañito del Pacífico!!

    ResponderEliminar